Hace muchos años, estaba caminando, más bien saltando, con dos bastones ingleses, mis piernas nunca funcionaron bien, pero en aquel tiempo, yo podía mover las caderas, y así me desplazaba: en semicírculos, es decir, inclinaba todo el torso hacia la izquierda, liberando el peso sobre mi pierna derecha, e impulsaba la pierna, rígida como una columna, hacía adelante, luego lo mismo con el otro lado, a la derecha e impulso con la izquierda...
Pero me costaba tanto esfuerzo, que sudaba solo con estar de pié... No utilizaba abrigos, porque sudaba con el esfuerzo y el dolor de mis rodillas deforme... Dependía totalmente de mis bastones, que si su extremo iba a parar sobre alguna humedad o grasa, acababa en el suelo y con moratones, pero sabiendo caerme nunca llegué a romperme un hueso...
Era un esfuerzo sobrehumano, y desagradecido, porque mi familia, amigos y demás, no apreciaban, ni admiraban mi esfuerzo, solo percibían que iba despacio y no perdían ocasión de restregármelo a la cara...
Mas tarde descubrí, que avanzaría más rápido, si en vez de un lado y otro, firmemente apoyada en los bastones, levantaba ambas piernas y avanzaba con los dos brazos al mismo tiempo. La velocidad que desarrollaba, ¡era espectacular!, casi un metro en cada pseudopaso... Estaba feliz e ilusionada, ya nadie me diría: "contigo nunca llegamos", o peor aún: "el tiempo que tu bajas la escalera, fregaré todos los cacharros", o "tú sal dos horas antes, que ya nos encontraremos en la esquina", o "mientras llegas al baño me lavaré la cabeza" etc.
Pero mi sueño, aparentemente convertido en realidad, se convirtió en problema. La fuerza de todo el cuerpo, una y otra vez, me destrozó las muñecas, tuve esguince en ambas, durante seis años seguidos, no se curaban porque requerían reposo absoluto, pero yo no podía dejar de saltar, las necesitaba para todo.
Un día el traumatólogo me dijo:
-¿Cuantos años tiene?.
- Treinta-le respondí.
- Pues sus brazos tienen sesenta años. No les hace ningún favor caminando tanto...
Para mi trabajo, necesitaba caminar muchos kilómetros diarios. Así que me recomendó una silla de ruedas para las distancias largas,
-Puede usarla para su trabajo o paseos, y dejarla plegada en el automóvil cuando suba a casa o requiera distancias más cortas.
Así que tuve que iniciar una verdadera aventura que poco a poco voy a contar en distintas entregas de este blog. Parece fácil, pero no lo es. He tenido que discutir con camioneros, me he llevado cantidad incalculable de sustos, y no pocas veces he caído al suelo... De hecho, entre saltar con bastones y experimentando con diversos tipos de silla de ruedas, creo que estuve más tiempo en el suelo que levantada, pero son riesgos necesarios, para seguir viva física y socialmente.
Pocos años después una comprensión medular, con siete operaciones consecutivas, me dejó totalmente paralizada y anestesiada durante unos meses, muy despacio, fui recuperando sensibilidad y movimiento, pero llovió sobre mojado, las piernas que antes no movía, han quedado fatal, aunque recuperé un setenta por ciento de sensibilidad; los brazos, no tanto como antes pero están bien y las manos, ¡un desastre! la derecha no funciona absolutamente nada, pero la otra, aunque sin la más mínima fuerza, puedo mover los dedos, y ¡escribir!... Lo malo es que soy diestra, no zurda.Aprender a escribir con la izquierda, maquillarme, etc. ha sido muy difícil, pero es otra historia.
En la próxima entrega, te contaré las aparatosas caídas que tuve, para que no te ocurra lo mismo.
Hasta entonces besitos virtuales.
C O N T I N U A R Á
¨¿Donde se vende el libro?
ResponderEliminarEl libro todavía no está impreso en papel, lo puedes adquirir directamente en eLibro, auténtica primicia, en CD. Si, mandas un email a migroza@gmail.com
ResponderEliminarte lo envío a tu ordenador o por correo en CD.